¿Por qué fumamos? Quizá no haya una pregunta mas comprometedora para un fumador.

Habitualmente la respuesta es inocente: ¡Yo fumo porque me gusta! 

Yo opinaba igual y no me hacía grandes problemas al respecto. Por lo menos al principio.

Lo mismo creían algunos directivos de las tabacaleras a mediados del siglo XX: “La gente fuma porque le encanta hacerlo”.

Esta afirmación de uno de ellos dio origen a una historia que fue un secreto durante mucho tiempo y cuando trascendió fue poco divulgada. Relatarla ayudará a contestar nuestra pregunta inicial.

 

 

Los gestores de las empresas tabacaleras conocieron un hecho que la comunidad científica mundial todavía ignoraba.

Sus investigadores descubrieron que la nicotina, un alcaloide que se encuentra en la hoja de tabaco, es una sustancia altamente adictiva.

Esta novedad hizo correr un sudor frío por sus espaldas. Veían peligrar el futuro de un próspero y descomunal negocio. Rápidamente se plantearon algunos interrogantes peligrosos. Si este hecho toma estado público: ¿seguiría la industria siendo legal? ¿O solo se vería afectada por prohibiciones diversas que no afectarían su desarrollo futuro?

Ya hacía varios años que batallaban con la medicina con respecto a la capacidad de su producto para enfermar y luego matar a sus consumidores. Si este nuevo conocimiento trascendía o se redescubría sería la catástrofe. Deberían preparase para lo peor.

 

La gran idea para un gran negocio

Entre el elenco directivo surgió una idea ingenua, fumar es agradable, abrir el paquete, introducir el humo caliente en los pulmones, mirar las volutas de humo perderse en el cielo.

Un directivo insinuó en voz baja: 

¿No es posible que a la gente simplemente le guste fumar?

¿Qué pasaría si hacemos un cigarrillo totalmente libre de nicotina?

Eliminar la nicotina de la hoja del tabaco es sencillo y tiene un costo modesto.

Pero habria un gran problema el cigarrillo no seria adictivo, y no seria rentable para la tabacalera ni para la industria farmaceutica.

 

El cigarro electónico

Un artículo publicado en 2012 en la revista Chest mostraba la preocupación de algunos expertos por posibles efectos secundarios del uso de cigarrillos electronicos.

Se alertaba del aumento del riesgo de padecer inflamaciones en las vías respiratorias. Otra nota de la Sociedad Respiratoria Europea afirma que es probable que algunos usuarios con problemas coronarios presenten contraindicaciones para el consumo de estos dispositivos, ya que los niveles de oxígeno en sangre se reducen tras 10 minutos de utilización.

Además, los cigarros electrónicos están sujetos también a la normativa que obliga a informar sobre los efectos dañinos del hábito de fumar.